Australiano cría reses con castañas como se hace con cerdos ibéricos
Sunday, July 8, 2012 - 21:12
El jamón ibérico ha servido como fuente de inspiración a la familia Feneleys, propietaria de una granja en el estado australiano de New South Wales. En su propiedad se pueden encontrar alrededor de 300 castaños, cuyos frutos han sido utilizados este año para alimentar 28 terneros, con la intención de mejorar el sabor de su carne.
La idea surgió tras saber que el jamón ibérico proviene de cerdos que han sido alimentados a base de bellotas. Anthony Puharich, propietario de la renombrada carnicería Victor Churchill de Sídney, declara que esta carne de ternera "tiene un increíble color y sabor, como consecuencia del aceite natural de este fruto".
Por otro lado, investigadores de la Universidad de Adelaida han descubierto que la carne de cordero cuya dieta ha sido rica en aceite de oliva y ajo desprende un menor olor y tiene una mayor proporción de grasas no saturadas.
Sin embargo, el coste de alimentar a los animales con una dieta que incluya un 10% de aceite de oliva y ajo durante 70 días es elevado. Por ello, se está investigando la posibilidad de usar en su lugar el orujo resultante de la producción de aceite de oliva, lo cual sería menos costoso y daría un nuevo uso a este producto. Fuente: The Australian FInancial Review
En total, la RAE incluye recoge 330 novedades entre las que destaca 'crudivorismo', un tipo de alimentación basada en el consumo de alimentos crudos, es decir, aquellos que no han sido sometidos a procesos de cocción o calor.
Una de las exclusivas botellas magnum de Dom Pérignon 1961 servidas en la boda de Carlos y Diana ha sido subastada por hasta 80.000 euros. Un vino histórico que hoy vale tanto por su calidad como por el mito y el drama que lo rodean.
El postre favorito de la Reina Letizia para Nochebuena es tan sorprendente como ligero: el clásico helado de café, una receta tradicional vinculada a su familia y perfecta para cerrar una comida navideña sin excesos. Un dulce sencillo, bajo en calorías y lleno de sabor que nunca falta en su mesa.
Cuando un alimento queda ligado a una vivencia negativa, el cerebro puede crear un mecanismo de defensa que modifica la percepción del sabor, volviéndolo insípido, desagradable o directamente rechazable.